Opinión
Venezuela chavista derrotó a EEUU y aliados en las elecciones del 6 de diciembre
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5 años agoon
Por Narciso Isa Conde
En un combate desigual, el decadente Coloso del Norte y sus aliados occidentales fueron vergonzosamente derrotados en los recientes comicios venezolanos destinados a elegir una nueva Asamblea Nacional Legislativa.
Fracasó el boicot auspiciado por la extrema derecha terrorista y fracasó la derecha electoral.
No valió el bloqueo criminal.
Tampoco la intervención-usurpación de los depósitos venezolanos en oro y en dólares en la banca internacional.
Triunfó la dignidad y el decoro.
A pesar de las invasiones…
Del terrorismo paramilitar de matriz CÍA, MOSSAD y PARACO…
De la guerra económica con sabotajes periódicos incluidos…
De la guerra cibernética…
Del perverso y sedicioso accionar de la diabólica tutela de EE.UU sobre el funesto Grupo de Lima, al cual se sumó recientemente el nuevo gobierno dominicano presidido por Luis Abinader, luego que el anterior presidente (Danilo Medina-PLD) apoyara también al Presidente sin Gobierno y sin Estado, Juan Guaidó, fabricado por Trump y Pompeo…
Del uso del Estado narco-terrorista de Colombia y las bases estadounidenses radicadas allí como plataforma de agresión imperialista…
- EL DAVID BOLIVARIANO LE GANÓ LA BATALLA AL GOLIAT IMPERIALÑISTA.
Después de todas esa agresiones el pueblo de Bolívar y de Chávez, su Gobierno, su Estado soberano, sus movimientos sociales, sus partidos revolucionarias -con el respaldo multifacético de Rusia, China e Irán y la movilización solidaria de los pueblos de Nuestra América y el Mundo- venció a Trump, a Pompeo, al Grupo de Lima y a las derechas y ultraderechas venezolanas, tanto en el forcejeo político-militar previo a las elecciones, como en las urnas.
La alianza chavista cívico-militar aisló la ultra-derecha fascista.
Derrotó mucho a poco a la derecha electoralista.
Obligó al Pentágono y al hostil régimen colombiano a desistir de una nueva agresión militar codificada como la “sorpresa de octubre”.
Forzó al Grupo Lima a meterse el rabo entre las piernas y eligió en paz una nueva Asamblea Nacional Soberana.
Su espíritu de lucha y su determinación de vencer -respaldada por la firmeza de su dirección política y las certeras iniciativas gubernamentales del Presidente Nicolás Maduro- se colocaron por encima de las penurias y estrecheces impuestas por el imperialismo occidental y sus socios, bajo el mando de EEUU.
- LAS TARAS COLONIALISTAS LES NUBLAN EL ENTENDIMIENTO.
Las cúpulas imperialistas y las derechas subordinadas a ellas no logran entender a nuestros pueblos. Su visión colonizadora, su complejo de superioridad, su concepción racista, su desprecio y menosprecio a los recios valores e identidades culturales de nuestro mestizaje, el desconocimiento de nuestra historia, no les permite entender nuestro orgullo nacional ni apreciar el poder de nuestros anhelos.
No pueden comprender, que aunque nuestras sociedades necesiten pan para sobrevivir, no solo de pan viven sus seres humanos, capaces de soportar sacrificios inmensos sin claudicar en las luchas por auto-determinarnos.
Su mezquindad le impide entender que la dignidad multiplicada y que lo poco que el bloqueo criminal no pudo eliminar, justamente repartido, permite sobrevivir sin rendiciones y convertir las desventajas y las calamidades en rebeldías invencibles.
No entienden el poder de las ideas, de los sentimientos, de las convicciones y la fuerza de voluntad de los pueblos agredidos.
Se equivocaron en Cuba desde el inicio de su heroica revolución.
Le pasó igual en Nicaragua.
Fueron derrotados en Corea y Vietnam.
Están empantanados en Medio y Lejano Oriente
Y tozudamente y persistentemente procuran asaltar la soberanía y las riquezas venezolanas. Antes, varias veces intentaron revertir la revolución chavista, y fracasaron; y ahora le pasó de nuevo.
¡Qué bueno!
- VALE CELEBRAR SIN BAJAR LA GUARDIA.
La nueva hazaña chavista-bolivariana alienta, estimula y alimenta los nuevos combates.
Refuerza la confianza en la autodeterminación de nuestros pueblos.
Vale felicitarla y celebrarla sin bajar la guardia.
Esta pelea no concluye con esta nueva y reconfortante epopeya.
Esta pelea es de largo aliento y largo plazo.
Es a la vez venezolana, bolivariana, latino-caribeña y mundial.
No terminan las maquinaciones imperiales con esta nueva lección.
Recordemos que su decadencia es agresiva. Esperemos más zarpazos, aunque cada vez con más adversidades para un sistema de dominación cuya fortaleza y hegemonía declinan.
Contrasta el orgullo de los gobiernos y Estados dignos, con la desvergüenza que exhiben los gobiernos lacayos y canallas.
El Grupo de Lima ahora tiene el rabo entre las piernas, pero no tienen valor para zafársele al imperio y ya tiene las instrucciones de desconocer los resultados de esta batalla en las que fueron doblemente derrotados.
No se darán por vencidos, aun con mayores posibilidades de ser nuevamente derrotados. Las ataduras coloniales, con alta dosis de abyección a ellas, se lo impiden.
Esa es también la razón por la que el Gobierno entreguista de nuestra República Dominicana (Luis Abinader-PRM) se adelanta a desconocer los resultados de unas elecciones sin manchas.
¡Bochornoso!
Opinión
La Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia ( 2 de 3 )
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21 horas agoon
enero 18, 2026Por Rommel Santos Diaz
De esta forma , la competencia ratione materiae de la Corte Penal Internacional se limita a investigar y perseguir a aquellas personas que hayan cometido , según el Artículo 1 del Estatuto de Roma ,´´los crímenes más graves de trascendencia internacional´´ mientras que la Corte Internacional de Justicia no juzga crímenes internacionales dado que es competente para juzgar cualquier controversia de carácter internacional que sea sometida por los Estados Partes de conformidad al Artículo 366 de su Estatuto.
En relación a los sujetos de derecho internacional involucrados en los procesos contenciosos que conocen ambos tribunales, cabe señalar que en el caso de la Corte Penal Internacional, el ejercicio de su competencia se realiza solo cuando un Estado Parte remite al Fiscal una situación en que parezca haberse uno o varios de los crímenes de competencia de la Corte; si el Consejo de Seguridad remite al Fiscal una situación, actuando conforme a lo dispuesto en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, o cuando el Fiscal ha iniciado una investigación de oficio respecto de un crimen internacional.
En el caso de la Corte Internacional de Justicia , solo los Estados Parte en su Estatuto pueden presentar un caso ante ella de conformidad con lo que establece su Artículo 34, párrafo 1, De esta forma, se observa que en materia de locus standi ante estos tribunales, quedan excluidos de sus respectivas competencias contenciosas los individuos.
Caso especial es el de la actuación de las organizaciones internacionales frente la Corte Penal Internacional si se tiene en consideración que las Naciones Unidas actúan a través del Consejo de Seguridad .
Por otro lado, también existen diferencias en relación al sujeto de derecho cuya responsabilidad puede ser declarada por estos tribunales. La Corte Penal Internacional en ejercicio de su competencia contenciosa puede declarar la responsabilidad de individuos mientras que la Corte Internacional de Justicia solo puede declarar la responsabilidad de Estados.
Sobre la base de las consideraciones precedentes, es posible definir en qué ámbito se presenta la relación entre la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia. En ese orden se pueden definir dos ámbitos en los que se verifican las relaciones entre ambos tribunales. En primer lugar el ámbito normativo y en segundo lugar el ámbito jurisprudencial.
Con relación al ámbito normativo es preciso tener como referencia el Artículo 119 del Estatuto de Roma que establece una cláusula relativa a la solución de controversias según la cual:
Las controversias relativas a las funciones judiciales de la Corte Penal Internacional serán dirimidas por ella.
Cualquier otra controversia que surja entre dos o más Estados Parte respecto de la interpretación o aplicación del presente Estatuto que no se resuelva mediante negociaciones
En un plazo de tres meses contado desde el comienzo de la controversia será sometida a la Asamblea de los Estados Parte.
Por Oscar López Reyes
La presencia de gais, lesbianas, bisexuales, intersexuales, transgéneros, pangéneros, asexuales y otras categorías no binarias (LGBTQIA+) en la imitativa televisión y en su orgullosa caravana anual, columpiando un lenguaje pornográfico y gestos alegres con efectos visuales camaleónicos, ha dimanado en un espectáculo de risas, confirmatorio de que integrantes de esa comunidad no acaban por controlar sus desparpajos.
La inobservancia y los desacatos confusionistas son tan impertinentes en la irreverencia que la lésbica Alicia Anabel Santos Díaz llegó a la osadía de alterar las letras del Himno Nacional con el texto titulado “Pájaros, Lesbianas y Queers ¡A volar!”, que puso en circulación en la Ciudad Colonial. Fue arrestada y el 2 de enero de 2026 condenada con una medida de coerción: presentación periódica, por el Juzgado de Paz de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional, en atención a una denuncia elevada por el Instituto Duartiano y la Comisión Permanente de Efemérides Patrias.
Los derechos humanos y sexuales no se reivindican respingando fastidiosamente contra los símbolos de la patria y los analíticos desaprobatorios, ni con la desfachatez de los guiños y pitillos, las lentejuelas, encajes y escotes, pañuelos anudados al cuello, pintalabios, pantalones provocativos y otros looks de la línea masculina.
Esas excentricidades indica que estamos frente a ciudadanos con serios desarreglos emocionales y conductuales, un desencadenamiento de la interacción de predisposiciones genéticas, hormonales y macroambientales, que ameritan un tratamiento profesional; persuasión y consideración de sus semejantes.
Para que sean respetados, como se merecen en virtud de su condición de seres humanos, ellos tienen que moderarse y canalizar sus reclamos por otra pasarela que no provoque burlas; buscar ayudas espirituales del clero y de pastores, y no imitar las inaceptables pruebas del exembajador de Estados Unidos, James “Willy” Brewster (14 de noviembre de 2013 a 20 de enero de 2017), quien junto a “su marido” se ponía a la vista de alumnos de escuelas y en el 2025 tuvo el atrevimiento de “casar” a miembros de su convivencia.
La diferencia olfatea sin sutileza. Médicos, abogados, arquitectos y profesionales de otras áreas son reservados, muestran modales ejemplares, pertenecen a grupos ecuménicos y confiesan que le hubiera gustado tener una familia y no estar sometidos a los vaivenes de la segregación. Un galeno testificó que estudió su carrera luego que se retirara de la casa de formación inicial o etapa propedéutica, disgustado por asuntos nocturnos que no quiso revelar.
Otros hacen ver sus portes y ademanes con finuras. “El profesor no me trata como una dama” y “Hoy no estoy en condiciones de tomar el examen, porque me siento tan indispuesta que creo que estoy embarazada”, expresaron con seriedad dos estudiantes, mientras que otro desafió a su profesor y asistió –arropado con indumentarias de mujer- a una actividad a la cual no fue invitado, porque se resistía a vestir como indica el protocolo de eventos de instituciones oficiales y privadas.
En 1952, el comportamiento de los grupos de minorías sexuales fue definido por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) como un “trastorno sociopático de la personalidad”, y en el siglo XXI varió la patologización de la homosexualidad: no la encaja como una enfermedad psiquiátrica, “sino simplemente como una identidad de género”, rebosante de angustia.
Influenciada ahora por la Asociación de Psiquiatras Gays y Lesbianas (AGLP o LGBTQ) y otros grupos satélites, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) despatologizó la homosexualidad y la recategorizó como normal en la diversidad de variables biológicas, cognitivas y ambientales (crianza en el primer y tercer año de existencia terrenal o traumas, como violaciones), y señaló que el agente primario de riesgo para la disfunción de la salud mental en personas LGBTQ+ radica en el discrimen social, el oprobio y el rechazo.
Al margen de estos factores, tenemos que subrayar que caerle a trompadas o patadas, dar una golpiza, descuartizar o calcinar a homosexuales se patentiza como hechos abominables. Estos tienen derecho a la vida, y a que se les respete y respalde en sus estudios. Varios se han graduado con honores.
Favorece espiritualmente evitar el pánico gay o la homofobia, y cuando marchan lesbianas, afeminados, bisexuales y transgéneros no hacer como el Ángel de los Solteros de Puerto Rico, que hace unos años atacó físicamente y mató a seis estos.
Más que incitar a la violencia, tenemos que promover el amor y la paz, y guiarnos, y a la vez desechar, términos de la Biblia. Existe un número reducido de textos que han sido interpretados –sobre todo en la teología conservadora- como un pecado grave sobre la relación carnal de personas del mismo sexo, porque la palabra homosexual no aparece en la Biblia original. Tampoco figura “Maricón” (adjetivo despectivo) y mucho menos Gay, un anglicismo (inglés) proveniente del francés gai (alegre o vivaz) y castellanizada como adjetivo y sustantivo gái, no géi.
Citemos dos versículos del Antiguo Testamento, que son una prohibición a las prácticas homosexuales: «No te acostarás con un hombre como si te acostaras con una mujer» (Levítico 18:22), y «Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame.» (Levítico 20:13).
Y el Nuevo Testamento señala, en génesis 1:27, que Dios creó al ser humano “Varón y Hembra”. “Por eso, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión. Estos serán castigados como Reyes por el resto de la eternidad” (Romanos 1,26-27).
Además de ir contra la naturaleza, es horrible observar a dos hombres llenos de barbas besarse delante de un niño que han adoptado. El derecho se ha ido tan lejos que se está torciendo.
Por consiguiente, no podemos ver con buenos ojos la tendencia que se está imponiendo en distintos países de aceptar los matrimonios gái, y menos que el sospechoso Tribunal Constitucional dominicano emitiera (noviembre de 2025) una sentencia para eliminar la prohibición del sexo gái en las Fuerzas Armadas y la Policía, y que el exembajador estadounidense James “Willy” Brewster no se haya conformado con bañarse -cada sábado en la noche- con su “esposo” y directivos de la asociación dominicana LGBTQ+ en la piscina de la legación diplomática, y que se haya abrogado la ilegal atribución de “casar” a una pareja de “esposos”.
Lastimosamente, crece la población de personas (ronda el 5%), particularmente jóvenes de las hiperconectadas generaciones Z, Millennials y Alfa, que se autoidentifican con la orientación opuesta a su sexo biológico, saliendo del clóset con una espantosa visibilidad y un lenguaje que atropella el idioma español: “elle”. Todas estas distorsiones generacionales, que cada vez gozan de más aceptación, atentan contra los valores tradicionales de la familia y de la sociedad, que con esa tendencia serían destruidas como Sodoma y Gomorra.
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El autor: expresidente Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), vicepresidente de Asoc. Escuelas de Comunicación Social (AdecomRD), presidente Asoc. de Profesionales de Relaciones Públicas (Asodoprep) y columnista de decenas de digitales.
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18 de enero de 2026.
Opinión
La “nueva etapa”: cuando el problema no es el cambio, sino la falta de verdad
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1 día agoon
enero 18, 2026Por Isaías Ramos
En la República Dominicana, cada vez que un gobierno anuncia una “nueva etapa”, muchos ciudadanos ya conocen el libreto: nuevos rostros, nuevas consignas y las mismas preguntas sin respuesta. No es escepticismo; es memoria política.
En una democracia madura, una nueva etapa se inaugura con rendición de cuentas: qué se hizo, qué no, y quién responde. Aquí suele operar como un punto y aparte artificial: pasar página sin leer el capítulo anterior. No se trata de reformar; se trata de olvidar.
También hemos alimentado una figura peligrosa: el presidente impoluto. No un administrador temporal del Estado, sino una autoridad moral casi infalible, a la que se le exigen pocas explicaciones y se le conceden lealtades máximas. Bajo ese mito, la crítica se interpreta como traición y el error como conspiración.
El resultado es previsible: los fracasos se diluyen en el contexto; la corrupción se reduce a “casos aislados”; el endeudamiento se vende como inevitabilidad técnica; y las políticas fallidas regresan con otro nombre. Todo cambia para que, en el fondo, nada esencial sea explicado.
Por eso la “nueva etapa” suele venir con cambios de gabinete, relanzamientos discursivos y una intensa producción de mensajes. Cuando el poder no quiere rendir cuentas, administra percepciones: sustituye la explicación por la narrativa, el balance por la consigna y la responsabilidad por el maquillaje.
El daño mayor no es la indignación ciudadana —esa moviliza— sino el nihilismo cívico. Si la gente siente que nunca sabrá qué ocurrió realmente, deja de exigir; no por satisfacción, sino por agotamiento. Se desconecta y evita la política como quien evita una conversación tóxica.
Y surge la pregunta incómoda: ¿en qué momento la resignación comenzó a parecer sensatez? ¿Cuánto de ese silencio ha sido también nuestra forma de adaptarnos al engaño?
Ese retiro abre el quiebre más peligroso. Cuando la ciudadanía abandona la arena pública, el espacio lo ocupan los extremos, los mesías y los justicieros que prometen “poner orden” sin reglas ni límites. El vacío moral no produce reformas; produce autoritarismos.
El problema de fondo es aún más incómodo. En las últimas tres décadas, el país no ha sido gobernado solo por buenos o malos gobiernos, sino por un sistema político que ha capturado progresivamente los principales poderes del Estado y los poderes fácticos que deberían equilibrarlo. Cuando esa captura se consolida, la alternancia deja de ser cambio y se vuelve rotación: se discuten estilos y rostros, pero no la arquitectura real del poder ni los incentivos que la sostienen.
Un sistema así no se sostiene únicamente por la voluntad de quienes gobiernan. Se sostiene por la normalización social de los abusos y por la fragmentación deliberada de la ciudadanía. Mientras esa realidad siga siendo tabú —mientras la verdad se negocie o se posponga— cualquier “relanzamiento” será cosmético.
No habrá liberación posible mientras esta verdad siga siendo esquivada. La primera condición del cambio no es la indignación, sino la conciencia colectiva de que el problema es estructural. La segunda es la unidad en torno a un proyecto de nación, no para conquistar el poder, sino para recuperarlo para la ciudadanía, conforme a la Constitución.
El Estado Social y Democrático de Derecho no es una consigna: es una promesa incumplida. Sus principios —legalidad, separación de poderes, dignidad humana y participación ciudadana— no pueden materializarse mientras el sistema se beneficie del cinismo, la fragmentación y la desesperanza organizada. El desafío, entonces, no es “cambiar de etapa”, sino romper el secuestro del Estado sin destruir la República.
Un país no se fortalece protegiendo al poder de las consecuencias, sino estableciendo reglas que lo obliguen a responder. Exigir cuentas no es desestabilizar; es estabilizar sobre bases legítimas. Sin rendición de cuentas, cualquier “nueva etapa” es maquillaje. Sin verdad, no hay confianza; y sin confianza, no hay ciudadanía activa.
Por eso la salida no comienza con líderes providenciales ni con estallidos emocionales, sino con conciencia cívica organizada. Antes de disputar el poder, una sociedad debe recuperar claridad sobre el país que quiere ser, y comprender de qué necesita liberarse y para qué.
El desafío de este momento no es creer en una “nueva etapa”, sino construir un proyecto de nación anterior y superior al régimen que hoy administra el poder: un proyecto anclado en la Constitución, en el Estado Social y Democrático de Derecho y en los valores que dieron origen a la República.
En esa dirección, el Foro y Frente Cívico y Social continuará trabajando con mayor firmeza y presencia en todo el territorio nacional para impulsar el despertar de la conciencia colectiva, promover el debate honesto y articular una ciudadanía que no renuncie a la verdad ni a su responsabilidad histórica. No para imponer una consigna, sino para elevar el estándar: exigir explicaciones, resultados y límites al poder como condición mínima de vida democrática.
La conciencia colectiva no es un estado de ánimo; es una responsabilidad histórica. Cada generación decide si hereda resignación o dignidad. Hoy, la nuestra está siendo observada. Sin conciencia compartida no habrá liberación posible. Con ella, el cambio deja de ser una consigna y comienza a convertirse en una posibilidad real.
Despierta RD!
