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Análisis Noticiosos

Javier Milei, una mezcla de predicador mesiánico y estrella del rock

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El presidente electo de Argentina es un economista ultraliberal que promete dolarizar la economía, niega la dictadura y el cambio climático y se ha mostrado a favor de la libre portación de armas y la venta de órganos

Buenos Aires.-El economista ultraliberal Javier Gerardo Milei ha pasado en dos años de ser un provocativo showman televisivo que rompía en vivo una maqueta del Banco Central a ser elegido presidente de Argentina. Casi 13 millones de argentinos han votado este domingo por este outsider extravagante e iracundo que ha prometido sacar a los políticos a patadas en el culo, dolarizar la economía porque el peso “no vale ni para excremento” y que planea un recorte del gasto social sin precedentes. Milei alcanzó la presidencia después de moderar su discurso en la campaña electoral para la segunda vuelta que disputó contra el peronista Sergio Massa. Durante las últimas semanas, se disfrazó de esos políticos profesionales a los que tanto odia para atraer el voto moderado. El León, como lo apodan, dejó de rugir. Mantuvo la calma incluso al ser contradicho y dio marcha atrás en sus ideas más controvertidas, como la privatización de la sanidad y de la educación y la libre portación de armas.

Su transformación reciente hace pensar en una de las frases más célebres atribuidas al expresidente Carlos Menem: “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Pero Milei dijo y después se desdijo, como pasó con su apoyo a la venta de órganos, a la venta de niños o las denuncias de fraude electoral. Sus innumerables contradicciones obligan a los argentinos a elegir a cuál de dos versiones del candidato creer. Si gana, su verdadero rostro comenzará a desvelarse a partir del 10 de diciembre, cuando el próximo presidente tome posesión.

Milei entendió mejor que nadie el hartazgo de la sociedad argentina con las sucesivas crisis económicas y con la falta de respuestas a millones de personas. A aquellos que se desloman trabajando pero no llegan a fin de mes, a los que cuando cae el sol se encierran en sus casas porque tienen miedo de salir, a quienes evaden todos los impuestos que pueden porque dudan de su destino: están cansados de que sus hijos se queden sin clases en la escuela pública y de esperar durante meses el turno médico de un especialista.

Dio el salto a la política convencido de que tenía una misión: “Terminar con la inflación para siempre, terminar con la inseguridad para siempre, terminar con los privilegios de los políticos para siempre”. En definitiva, cambiar Argentina para siempre, desterrando al peronismo. Prometió que, si le daban tiempo, en 35 años Argentina podría ser Estados Unidos; en 40, Irlanda. Equivale a diez mandatos presidenciales, pero la Constitución argentina sólo permite dos consecutivos.

Negacionista climático

El cambio de Milei incluye combatir las ideas progresistas de un país que está a la vanguardia de América Latina en la conquista de derechos sociales. Plantea derogar el aborto, legal en Argentina desde 2020. Se ha manifestado de forma despectiva hacia el matrimonio igualitario, vigente desde 2010. Niega la brecha de género, que según las estadísticas es del 26%. Niega que el cambio climático esté producido por el hombre. Propone privatizar las empresas públicas e incluso los recursos naturales de Argentina, como el yacimiento de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta, sus ríos y mares. El argumento es que, si los ríos tienen propietario, dejarán de estar contaminados.

El apoyo reciente de sus padres no significa que ellos estén en el círculo íntimo de un candidato al que muchos definen como solitario y desconfiado. Este se reduce a su hermana, Karina, a la que llama El Jefe por ser la máxima autoridad de su campaña, y a sus “hijitos de cuatro patas”: sus perros Murray, Milton, Robert y Lucas, bautizados así por economistas a los que admira. Son clones de Conan, el mastín que adoraba y que falleció en 2017. La muerte no cortó la comunicación entre ellos: Conan y él se hablan a través de una médium, según asegura su biógrafo no autorizado, Juan Luis González, autor de El loco.

A la exótica familia se ha sumado desde hace un par de meses su nueva pareja, Fátima Flórez, conocida por ser la imitadora televisiva de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Atrás han quedado las intimidades reveladas por Milei años atrás, cuando aseguraba que era profesor de sexo tántrico y lo llamaban “vaca mala” porque no eyaculaba más que una vez cada tres meses.

En el colegio Cardenal Copello era el loco, un apodo que también usaban sus compañeros de fútbol en los clubes en los que jugó de portero: Chacarita Juniors y San Lorenzo.

Sus excompañeros lo describen como un niño retraído, al que no le gustaba demasiado socializar. Una descripción similar hacen quienes compartieron oficina en la Corporación América, un conglomerado de empresas presidido por Eduardo Eurnekián, uno de los hombres más ricos de Argentina y quien es considerado como su primer padrino. Unos y otros coinciden en su temperamento explosivo, fuente incesante de problemas hasta la actualidad. “Vos sos una comunista de mierda, estás arruinando el país”, estalló Milei en el ascensor contra una vecina que le preguntó si en sus clases de Economía daba al británico John Maynard Keynes. “Andate, me estás maltratando”, gritó a la fotógrafa de EL PAÍS cuando le pidió que sonriera para hacerle un retrato. Periodistas y panelistas de televisión, en muchos casos mujeres, están también en la larga lista de quienes han padecido sus estallidos de rabia.

Autoritario

Ese carácter revela rasgos intransigentes y autoritarios, preocupantes para quien aspira a la Presidencia. Él y su candidata a vicepresidenta, Victoria Villarruel, niegan el terrorismo de Estado y minimizan los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura —y condenados en democracia— para considerarlos “excesos”. “Milei es profundamente antidemocrático. Se siente muy molesto cuando lo contradicen, no le gusta nada que le digan una cosa distinta de la que él piensa, aunque sea con buena onda”, cuenta el abogado liberal y experto en finanzas Carlos Maslatón. Este exmilitante de La Libertad Avanza, distanciado del candidato, pone como ejemplo lo ocurrido en su programa de radio años atrás. Expresó su desacuerdo con un instrumento financiero y Milei, furioso, se levantó y se fue del programa. Tardó tres semanas en volver a llamarle. Maslatón cree que detrás de esos desplantes hay una persona “muy insegura”.

Cuando la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, le pidió que la llamara presidenta y no presidente, él se negó a hacerlo. Al terminar su discurso abandonó el hemiciclo al grito de “casta, casta, casta”.

La alianza entre Milei y Villarruel fue ventajosa para ambos. El primero atrajo a votantes descontentos con las políticas económicas y Villarruel sumó a aquellos que se identifican con valores de extrema derecha, como antiabortistas, opositores a las demandas territoriales de las comunidades indígenas y a los derechos de las diversidades sexuales. Villarruel lo ayudó también a tejer alianzas con la ultraderecha mundial, en especial con el partido español Vox.

Sin embargo, la irrupción de Milei ha agigantado la grieta política de Argentina. Ni siquiera un espacio de la alta cultura como el Colón, el teatro lírico más importante del Colón, ha quedado a salvo de la tensión extrema que se respira en vísperas de las elecciones. La presencia del candidato no pasó desapercibida este viernes. “Milei, basura, vos sos la dictadura”, lo abucheó parte del público y de la orquesta al reconocerlo en un palco. Al término de la función, otros optaron por aplaudirlo.

Enemigo del Estado

La primera vocación de Milei fue el fútbol, pero la hiperinflación de Argentina a finales de los ochenta le llevó a cambiar los botines por los libros de economía. Se licenció en Economía en la Universidad de Belgrano, donde después fue también docente, e hizo posgrados en el Instituto de Desarrollo Económico y en la Universidad Torcuato di Tella. Estudió a fondo las ideas de Keynes para después repudiarlas una y otra vez.

Como liberal, se opone cualquier intervención del Estado en el mercado. Su rechazo ha sido escenificado ante las cámaras a través de metáforas tan violentas que su rival, el peronista Sergio Massa, se ha valido de ellas para deslegitimarlo como candidato a ocupar el sillón de Rivadavia.

— El Estado es el pedófilo en el jardín de infantes con los nenes encadenados y bañados en vaselina.

Así lo definió en 2019, cuando aún no había entrado en política. “Si yo tuviera que elegir entre el Estado y la mafia, me quedo con la mafia, porque la mafia tiene códigos, la mafia cumple, la mafia no miente y, sobre todas las cosas, la mafia compite”, dijo un año después.

Por esa época, Milei se presentó en un festival de cosplayers en Buenos Aires disfrazado de General AnCap (anarcocapitalista) con un antifaz y un tridente. “Vengo de Liberland”, anunció a los presentes, un país “donde nadie paga impuestos”. “Mi misión es cagar a patadas en el culo a keynesianos”, proclamó. Cuatro años después, ese superhéroe llegado de un país de ficción lidera las encuestas.

Milei entró y creció por los márgenes, como muchos populistas antes que él. Las redes sociales le sirvieron para conquistar a jóvenes durante la pandemia de covid-19, en especial aquellos furiosos contra un Gobierno que les impedía salir por el estricto confinamiento. Se reían con las barbaridades que escuchaban, pero también comenzaban a convencerse de la importancia de la batalla cultural con la que Milei prometía cambiar Argentina. Estos pregonaron más tarde la palabra del ultra entre sus padres y abuelos. “Mi hijo se volvió un fanático de Milei e insiste cada día para que mi marido y yo lo votemos. Pero yo no sé, es un loco, no sabemos lo que puede hacer”, admite la vendedora de una papelería de Buenos Aires que está entre ese 10% de indecisos que puede decantar la elección.

La desconfianza está extendida entre los empresarios, que recelan de la prometida dolarización de una economía sin dólares y temen el caos que puede provocar. Un centenar de prestigiosos economistas firmaron una carta en rechazo de esta y otras medidas económicas del candidato, pero su discurso se mantiene intacto en este punto. Ha cedido en las formas, pero no piensa hacerlo en el área económica. “El ministro de Economía voy a ser yo”, le respondió a alguien de su equipo cercano cuando le pidió un nombre para esa cartera central. De ser elegido, nombre habrá, pero Milei planea que sea sólo un empleado que acate sus órdenes.

Con su look postpunk adolescente —melena despeinada y chaqueta de cuero aunque el termómetro supere los 30 grados— Milei se transforma en sus mítines en una mezcla de estrella de rock y predicador mesiánico. Es su escenario predilecto. “Estar en el centro de atención de cualquier situación sin la necesidad de entablar un diálogo de ida y vuelta con los presentes sigue siendo el lugar en el que más cómodo se siente”, escribe González, el biógrafo no autorizado. Desde niño buscó ocupar ese lugar. En el patio de su escuela imitaba los bailes de su adorado Mick Jagger sin imaginar que décadas más tarde miles de personas corearían con él “Yo soy el rey de un mundo perdido”.

“Le cuesta estar en una reunión social y mantener un diálogo relajado con varias personas”, asegura el abogado liberal y experto en finanzas Carlos Maslatón. Tampoco acepta con gusto que le interrumpan. “Le gusta dar un discurso y retirarse”, continúa. La interacción puede incluir gritos y cánticos, pero no ser parte de una charla colectiva.

Milei es católico, pero hace años comenzó a acercarse al judaísmo y no descarta convertirse a este credo en un futuro. Durante la campaña presidencial contó que su máxima referencia es Moisés, al que definió como un gran líder que no tenía el don de divulgar. “Dios le mandó a Aaron para que divulgara. Kari [en referencia a su hermana Karina] es Moisés y yo soy el que divulga”, aseguró.

Ataques al papa Francisco

En el campo laboral, Milei alternó durante años la docencia universitaria con trabajos como economista. Fue asesor del general Antonio Bussi y economista jefe de la Fundación Acordar del excandidato presidencial Daniel Scioli. Pero en su currículum destaca sobre todo su trabajo durante una década a las órdenes del magnate argentino de origen armenio Eduardo Eurnekián. El multimillonario le dio el empujón mediático —a través de su televisión América TV— y los contactos que necesitaba para su carrera política. Más tarde, al menos en público, se arrepintió. “Tengo 3.700 empleados en mi empresa y uno salió fallado, ¿qué querés que haga?”, dijo días atrás. Lo que más le reprocha son sus críticas abiertas al papa Francisco, al que considera un “imbécil” que tiene “afinidad con comunistas asesinos” y al que ha llegado a calificar de “representante del maligno en la Tierra”. “No está a la altura para juzgar ni opinar sobre el Papa”, criticó Eurnekián.

“Nos acusan de haber creado al monstruo”, confiesa una fuente de este gigante empresarial. De ser cierto, no fueron los únicos. Exaliados de Milei cuentan que el entorno de Massa también le echó una mano para el armado inicial de listas con la esperanza de que Milei dividiese el voto opositor y desgastase a la derecha conservadora clásica. “Creía que sacaría un 15%, un 18% como máximo”, dicen. Cuando duplicó esa cifra y dejó en el camino a Juntos por el Cambio, quien le tendió la mano fue el expresidente Mauricio Macri. Si llega a la presidencia necesitará cerca de 5.000 amigos para ocupar los cargos de mayor confianza en el Estado. No los tiene, pero Macri está dispuesto a presentarle a muchos. El riesgo es que eso dé pie a una presidencia bicéfala, con una cara al sol y la otra en la sombra.

La unión de fuerzas entre Macri y Milei ha multiplicado y diversificado su público: los varones jóvenes ya no son una amplísima mayoría sino que hay también hombres y mujeres de mediana y avanzada edad. Mientras los primeros encontraron en Milei un dique de resistencia frente al avance del feminismo y de las minorías sexuales, los segundos ven en él al hombre que los puede salvar de otros cuatro años de peronismo. Los recién llegados corean con más timidez que los veteranos el hit La casta tiene miedo porque formaron parte de ella hasta un mes atrás. Se han perdido además el show del macho alfa subido a una camioneta con una motosierra encendida. Ese agresivo símbolo de los recortes ha sido reemplazado por el peluche de Pochita, un personaje del anime Chainsaw Man. Representa a un demonio, pero por su aspecto tierno nadie lo diría.

Su inexperiencia se hizo visible como nunca antes en el último debate contra Massa. El candidato peronista lo arrinconó y le asestó un golpe verbal tras otro en forma de preguntas. Milei intentaba responderlas como podía, pero a la vez peleaba una batalla no verbal: mantener las formas frente a las cámaras y no perder el control. Lo logró. Massa desnudó la falta de preparación de Milei para ponerse al frente del país, pero la paliza fue tan grande que muchos empatizaron con la fragilidad y las dudas del economista acorralado.

Milei llegó a la recta final de la campaña seguro de que sólo el riesgo de fraude se interponía entre él y una victoria en las urnas. Desde Córdoba, la provincia más antikirchnerista de Argentina, este hombre sin miedo pidió a los argentinos que se liberen y lo pierdan ellos también. “¿De qué riesgo me hablan, ¿De qué salto al vacío? ¡Si estamos yendo al infierno!”. Casi trece millones de argentinos decidieron este domingo darle una oportunidad.

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Análisis Noticiosos

La Pérdida de la Cultura del Trabajo

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Por José Cabral

Un fenómeno muy preocupante que se produce en la República Dominicana tiene que ver con la pérdida de la cultura del trabajo.

Aparentemente hay un relativo cumplimiento con las obligaciones laborales cuando se trata de una empresa con altos niveles de organización y supervisión.

La pérdida de la cultura del trabajo puede ser demoledora para la micro, pequeña y mediana empresa, en las que no hay forma de que se respete el contrato laboral entre empleados y empleadores.

La desaparición de la cultura del trabajo en el país representa una crisis muy profunda debido a la precariedad laboral, la informalidad y la pérdida de incentivos para el esfuerzo formal.

La pérdida de la cultura del trabajo está asociada a una serie de factores como los bajos salarios y que un empleo no garantiza la salida de la pobreza, según los estudios económicos al respecto.

Sin embargo, la razón principal, siempre de acuerdo a lo que puedo observar, obedece a la crisis de valores que impacta a la sociedad dominicana.

Hay una tendencia muy acentuada a no cumplir con la responsabilidad asumida, es decir, que se observa una negación de la gente a asumir sus obligaciones.

Inclinarse por la vida fácil es una percepción ciudadana que tiene que ver con la crisis de valores que procura la búsqueda de ingresos sin hacer ningún esfuerzo, cuyo ejemplo más contundente es la famosa “botella” a nivel estatal, la cual es estimulada por el clientelismo que promueven los partidos políticos.

Lo otro que explica el fenómeno es que la gente ha aprendido a reclamar sus derechos sin cumplir con sus deberes.

Es una percepción generalizada, la cual va de lo pequeño a lo grande y lo contrario, pero no parece que haya una respuesta a la vista por tratarse de una realidad en la que el Estado no hace ningún esfuerzo planificado para combatirla.

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Análisis Noticiosos

La burocracia vuelve a representar la comedia triste de la entrega.

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Por Nelson Valdez
Asistimos, con el alma acongojada pero erguida en el patriotismo más puro, al espectáculo de unos ministros que celebran como proeza histórica el servilismo diplomático.
Han acudido presurosos a firmar el despojo de la entraña nacional, ofreciendo en bandeja de plata las riquezas del subsuelo patrio a la insaciable voracidad del coloso del norte.
Aquellos minerales que la Providencia depositó en la tierra dominicana para sustentar el porvenir de la República son hoy entregados con pasmosa ligereza, a cambio del aplauso efímero de una legación extranjera.
Nos dicen, con el descaro propio de la retórica oficialista, que este marco de cooperación protegerá nuestros «intereses nacionales». ¡Qué colosal impostura! La historia enseña con claridad meridiana que los imperios no reconocen socios, sino vasallos.
Mientras la diplomacia norteamericana asegura su hegemonía tecnológica y la seguridad de sus cadenas de suministro sin arriesgar un solo ápice de su suelo, la patria de Duarte y Luperón aporta la materia prima, asume las heridas ambientales y se conforma con el papel humillante de proveedora subordinada.
Se firma a espaldas de la soberanía popular un pacto que hipoteca el patrimonio de las futuras generaciones bajo la excusa de alineamientos geopolíticos que en nada benefician al campesino ni al obrero dominicano.
El suelo que pisamos no es una simple mercancía en la mesa de negociación de los poderosos. Las tierras raras del sur no pertenecen a una administración ni a una casta de diplomáticos encumbrados; pertenecen a la historia, al honor y al destino de la nación dominicana.
Ceder la llave de nuestras riquezas estratégicas a una potencia imperial bajo la vestidura de un «acuerdo de confianza» no es diplomacia activa: es una capitulación moral, un acto de indignidad que profana la memoria de los libertadores y reduce la soberanía nacional a una simple nota al pie en la agenda de Washington.

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Análisis Noticiosos

El orgullo de ser dominicano bien valorado, da seguridad y confianza.

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Por José Cabral

Hace ya muchos años fuí testigo de varios anécdotas que deben servir para algo a cualquier persona, no importa de que país sea.

En un lugar en Nueva York llamado Merchant, donde se vende vinos y cigarros y se toca Jaz, compartía con unos amigos, entre ellos había varias muchachas colombianas y una de ellas me pregunta que si soy dominicano y le responde que sí.

Y de inmediato me narra que su hermana más joven, quien se encontraba también en el lugar, tenía un noviazgo con un joven dominicano, pero que esa relación le había traído muchos problemas a la familia, porque su papá entendía que la misma no debía existir.

Me decía la joven que su papá siempre decía que lo menos que él debía hacer era estrangular a su hija por mantener una relación que podía terminar en procreación con una persona de una baja procedencia.

Pero la historia se repite unos años después en la calle 50 y la quinta avenida de la ciudad de Nueva York cuando me decía otro señor que conoció una muchacha tan hermosa y educada de apellido Trujillo que nadie podía pensar que fuera dominicana.

Evidentemente que ambas narraciones tenían su explicación en que la mayor parte de la inmigración dominicana hacia los Estados Unidos, que es el escenario analizado, procedia en ese momento del campo y cuya formación académica y cultural es muy pobre.

Además, por un asunto cultural, la mayoría de los dominicanos radicados en Nueva York proceden de barrios muy pobres o del campo de la región del Cibao, cuyas características y acento es, podría decirse, la representación de un regionalismo que se expresa a través del uso de la i para hablar.

Naturalmente, las razones que tienen que ver con que mucha de nuestra gente no haya tenido la oportunidad de cursar estudios universitarios y de tener una buena formacion cultural son parte de las deficiencias que se observa en el Estado dominicano.

De cualquier manera, la imagen de cualquier gentilicio se complica o deteriora cuando una buena parte del grupo étnico de que se trate se ve involucrado en actividades que nadie quiere para su familia, aunque, naturalmente, ese no sea el caso de lo planteado en este comentario.

Hay que decir que los propios colombianos se vieron en una situación indeseable cuando la época de Pablo Escobar que un pasaporte de ese país era prácticamente una ofensa a nivel internacional.

La enseñanza que quiero dejar con estas narraciones es que el orgullo de ser dominicano es algo que no se negocia, pero el mismo está determinado por la imagen que se venda en la comunidad internacional.

Y para sentirse orgulloso de la dominicanidad hay que partir, principalmente, de que sea un país en el que la dignidad humana sobresalga sobre la mayoría de los derechos, pero además que quien la representa sea gente con la decencia y un comportamiento acorde con los tiempos de las sociedades civilizadas.

Ciertamente que las democracias han fallado, sobre todo por el comportamiento de los partidos políticos y si bien hay que combatir ese mal y buscar la sustitución ahora y para siempre de esos actores de la vida nacional, pero cualquier solución al respecto no puede ser peor que lo que existe y sobre la base de lesionar el orgullo de ser dominicano.

Con esto quiero decir que en aras de preservar el orgullo nacional, se debe procurar llevar a la direccion del Estado a personas que, no sólo sean éticas y defensoras del interés nacional, sino también que coloquen en la cima, si es posible, la imagen del gentilicio por tener una conducta en el contexto de una sociedad civilizada.

Hay una expresión popular que dice que es muy importante guardar bien las apariencias, lo cual es aplicable en estos momentos en la República Dominicana, pero que ello no sea una causa para dejar de gestionar la salida del poder de los que han dañado gravemente la democracia, aunque, naturalmente,  sin apoyarnos en ciudadanos que, aunque tienen el derecho constitucional de elegir y ser elegido, pero que  su comportamiento lo descalifica para representar a todos los que tenemos un criterio muy claro del orgullo de ser dominicano y lo que ello implica para la economia y toda la vida nacional.

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