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Opinión

El populismo: no es panacea, es realidad

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Por Rosario Espinal

El sistema político dominicano es altamente corrupto

Uno de los principales desafíos que enfrentamos los analistas de la sociedad es diferenciar el análisis del posicionamiento personal, aunque esta distinción nunca sea perfecta porque todo análisis está impregnado del armazón teórico y ético. Como socióloga tengo mucha conciencia de este dilema, y una parte importante del entrenamiento sociológico consiste precisamente en comprender, y no perder de vista, la tensión entre objetividad y subjetividad. Es un problema epistemológico con el que convivimos.

Sobre el debate que hemos sostenido Eduardo Jorge Prats y yo sobre el populismo y la democracia, quiero puntualizar lo siguiente: el populismo no es panacea, es realidad en América Latina. Se produce, y como tal, hay que entender sus causas, formas y efectos.

Comparto las preocupaciones de Jorge Prats sobre el populismo latinoamericano. Con frecuencia estos sistemas obstaculizan la construcción democrática porque sobredimensionan el personalismo, el centralismo y el hiper-presidencialismo, limitan la libertad de expresión y la autonomía de los poderes públicos, entre otros problemas.

De todas maneras se produce. ¿Por qué? ¿Endrogó Hugo Chávez con cocaína el pueblo venezolano para que lo apoyara? ¿Hizo lo mismo Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador? No.

En el caso venezolano, el sistema de competitividad electoral que prevaleció en las décadas de 1960, 1970 y 1980 colapsó en la década de 1990 porque el sistema clientelar y de corrupción en el cual se fundamentó no pudo dar respuesta a las crecientes demandas de inclusión social. Hugo Chávez reemplazó el sistema de partidos y forjó un sistema personalista que se sustentó, en gran medida, en la transferencia de una parte importante de la renta petrolera hacia sectores empobrecidos. Si el sistema político venezolano hubiese institucionalizado mecanismos de redistribución de riqueza adecuados, el chavismo difícilmente hubiese existido.

Bolivia y Ecuador fueron dos sociedades oligárquicas hasta la década de 1990, donde una minoría se mantuvo en control de los recursos económicos y políticos. Los movimientos indígenas se articularon y de ahí salió el apoyo fundamental a Evo Morales y Rafael Correa. Para sostenerse en el poder, estos presidentes tenían que acelerar procesos de redistribución de riqueza hacia las masas depauperadas que les habían apoyado.

El grave problema histórico de América Latina, la región más desigual del mundo, ha sido no haber logrado profundos procesos de redistribución de riqueza a través de acuerdos entre gobiernos, empresarios y sectores populares. Las clases económicamente dominantes han dependido siempre de la súper-explotación de la fuerza de trabajo, y han vivido en contubernio con los gobiernos, siempre buscando excesivas concesiones y evadiendo mayores cargas impositivas.

República Dominicana no ha sido nunca parte de la ola populista de la región por diversas razones: el conservadurismo, la compactación de la élite, la extensa red clientelar del Estado y los partidos que desmoviliza, la migración dominicana hacia fuera que quita presión redistributiva, la mano de obra barata haitiana sin derechos, y ahora, el lavado que inyecta dinero en la economía.

Con este fundamento, el sistema político dominicano es altamente corrupto y la sociedad registra mucha desigualdad. Por eso en las comparaciones internacionales, el despilfarro público dominicano es de los mayores y el sistema educativo de los peores.

En mi opinión, una democracia aún muy imperfecta como la dominicana es mejor que una dictadura, pero la dictadura no debe ser nunca la referencia en la lucha por alcanzar una sociedad más igualitaria y una democracia de calidad. Si los principales actores económicos y políticos del país se resisten a cambiar, el sistema se erosiona y la democracia se torna una farsa para muchos.

Artículo publicado originalmente en el periódico HOY.

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Opinión

La Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia ( 1 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

A fin de establecer la forma como se relacionan la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia, se estima necesario identificar cuáles son los elementos comunes y disímiles que definen la naturaleza  y competencia de cada uno de estos órganos jurisdiccionales  internacionales.

Para tratar este tema conviene citar a Cherif Bassiouni  quien señala que la Corte no es un órgano supranacional, sino un ente internacional similar a otros ya existentes, entre los que se puede mencionar a la Corte Internacional de Justicia. Asimismo, ambos tribunales tienen en común ser órganos jurisdiccionales internacionales de carácter permanente y de vocación universal.

A pesar de la existencia de otros tribunales internacionales permanentes que también ejercen una competencia restringida ratione personae y ratione materiae, la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia son los únicos tribunales internacionales que tienen vocación universal, lo que permite a cualquier Estado ser Parte en el Estatuto de Roma y en el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, reconociendo la competencia de estos tribunales.

Por el contrario, otros órganos jurisdiccionales internacionales, tales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Europea de Derechos Humanos, la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, los Tribunales Penales Ad-Hoc para la Ex Yugoslavia y para Ruanda tienen  una competencia restringida  en base criterios geográficos y técnico-jurídicos y por tanto no tienen vocación universal.

Desde una perspectiva general es posible afirmar que los tribunales internacionales ejercen dos tipos de competencia: competencia contenciosa y competencia consultiva.

La primera permite a un tribunal internacional ´´decir el derecho´´ y resolver controversias jurídicas, mientras que la competencia consultiva permite a un órgano jurisdiccional interpretar los alcances de las disposiciones  contenidas en los tratados. Dichas decisiones se denominan ´´ Opiniones Consultivas´´´ y no tienen el mismo carácter de obligatorio cumplimiento que una sentencia. En este caso, La Corte Internacional de Justicia tiene competencias contenciosas y consultivas y mientras que la Corte Penal Internacional sólo tiene competencia contenciosa.

Un análisis de las competencias contenciosas de ambos tribunales permite identificar diferencias en relación al tipo de competencias atribuidas a ambos en relación a la materia, a los sujetos que pueden acudir a ellas, así como respecto a los sujetos de derecho internacional cuya responsabilidad es declarada por ambas  jurisdicciones.

Si bien ambos tribunales internacionales resuelven controversias reguladas por el derecho internacional , la Corte Internacional de Justicia tiene una competencia general en materia de controversias internacionales mientras que la Corte Penal Internacional sólo conoce los crímenes tipificados en el Artículo 5 del Estatuto de Roma.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

Relanzamiento del Gobierno

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Por Nelson Encarnación

Los presidentes suelen aplicar su propia lógica de gobernar y actúan conforme el momento y lo que entienden la oportunidad adecuada en procura del mayor provecho para la administración.

Desde hace algunos meses se han escuchado voces desde distintos espacios que piden al presidente Luis Abinader realizar cambio de funcionarios para “relanzar el Gobierno”, bajo el argumento de que, al ratificar a la mayoría de los incumbentes cuando asumió su segundo mandato en agosto de 2024, estaba abriendo el camino para que el Gobierno se le pusiera “viejo”.

Sin embargo, el jefe del Estado entendió que esos reclamos podían obedecer al interés genuino de dichos voceros, pero también se cuidó de no actuar fuera del momento adecuado.

Y es ahí que el momento adecuado lo consideró en esta primera semana de trabajo del joven año 2026, y se puso manos a la obra con el movimiento de fichas que hizo este martes.

Nótese que el gobernante ha removido a los ministros y algunos funcionarios de otras áreas que llevaban en sus puestos desde el 16 de agosto de 2020.

Estos cambios han abarcado los ministerios de Agricultura, Industria y Comercio, Mujer y Vivienda, así como las dos áreas fundamentales de los ingresos del Gobierno, es decir, las direcciones de Aduanas e Impuestos Internos, cuyos titulares también venían desde 2020.

El ámbito de políticas sociales del Gobierno no tiene ese impacto mediático que las anteriores posiciones citadas, pero al manejar la asistencia a millones de personas vulnerables, no se puede desdeñar su relevancia.

En fin, estos movimientos implementados por el presidente de la República en un momento no habitual para que la población espere cambios en el tren administrativo resaltan el estilo del jefe del Ejecutivo que no anda esperando fechas específicas—digamos febrero de la Independencia o agosto de la Restauración—para remover a quienes necesite reubicar o dejar fuera de Gobierno.

¿Satisfacen estos cambios el deseo de quienes pedían relanzar el Gobierno y el morbo de quienes piden cortar cabezas solo por verlas rodar?

Esta interrogante es difícil de responder, sobre todo en un ambiente cargado de buenas y malas intenciones, de intrigas, intereses solapados y deseos de molestar sin resultados.

El presidente Abinader es quien sabe el beneficio que procura con estos movimientos, que no es otro que remozar instituciones que necesitan creatividad.

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Opinión

EE. UU: ficción y realidad

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Por Narciso Isa Conde

El plan estadounidense busca desplazar a China, Rusia y otras potencias, aumentando riesgos de conflicto global.

Santo Domingo.– EE.UU sigue sobrevalorando su erosionado poderío global, aunque su abrumante hegemonía histórica, se ha deteriorado significativamente. Una cosa es su relato y otra su realidad.

Estrategia militar y reordenamiento en América Latina

EEUU ha sufrido derrotas y pérdidas de capacidades competitivas, por lo que su nueva estrategia de seguridad nacional plantea reordenar su poderío militar, priorizando el Hemisferio Occidental y concentrando fuerzas en el Caribe y el Pacífico suramericano, para intentar restablecer su diezmada dominación absoluta en esta subregión latino-caribeña.

Ese reordenamiento incluye cercos navales, ubicación de poderío aéreo en el mar y de tropas para tratar de controlar territorios y corredores marítimos en interés de apoderarse de riquezas minerales y obstruir rutas comerciales.

Impacto geopolítico y riesgos globales

A eso, el PENTÁGONO y su ARMADA, agrega un despliegue de fuerzas navales en el indico-pacifico y otros mares como recursos obstructivos de rutas comerciales usadas por sus aventajados competidores.

EE.UU. pretende así recuperar terrenos perdidos y fortalecer sus emplazamientos militares en América Latina y el Caribe, como parte de una reorientación de su política exterior que procura apropiarse de valiosos recursos naturales y sacar a China, Rusia y otras potencias competidoras de este subcontinente.

La nueva estrategia abarca tanto lo relativo a sus intenciones de hacer colapsar las soberanías de Venezuela, Cuba, Nicaragua y México, como de intentar afectar a China, Irán, la India, la Federación Rusa y otros países, exponiendo a la humanidad a un altísimo riesgo de escalamiento de la guerra global y su derivada nuclear.

Ella anuncia que los objetivos de Estados Unidos en el hemisferio pueden sintetizarse en la frase «alistar y expandir» («enlist and expand»), atraer viejos y nuevos aliados y expandir su debilitado dominio.

EEUU inició esta vertiente de su nueva estrategia, empleando el pretexto del narcotráfico para su despliegue naval y para sus agresiones militares puntuales, arreciando y remozando la Doctrina Monroe.

Ahora -agotada esa narco-retórica- TRUMP, en su rol de instrumento del Complejo Militar-Industrial– confiesa su determinación imperial de apoderarse de territorios y riquezas, empleando el uso de la fuerza para tratar de revertir los avances económicos de China, Rusia y otras potencias nucleares.

Tanto peligro encierra esa agresiva e irresponsable estrategia para la existencia de la humanidad y del planeta, que se ha generalizado la falsa idea de que míster Trump está «loco de remate».

Es, más bien, un neofascista visceral, con mucho de sociópata racista aferrado al dominio colonial y neocolonial que, ante el inevitable declive de la hegemonía de EEUU, ha tenido que abrazar el remozamiento de la Doctrina Monroe y el estímulo imperial a las nuevas derechas fascistoides. Esto, finalizando el 2025, convulsiona aún más el cuadro latino-caribeño y mundial.

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