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Partidos se afincan en confabulaciones que impactan negativamente derechos de la mujer.

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La  doble moral de los partidos tradicionales de la Republica Dominicana, aunque parece ser una torpeza, es su más elocuente carta de presentación.

Las tres causales que solicita la mujer y una serie de organizaciones de la República Dominicana, ha tenido altas y bajas, porque así como los partidos políticos manejan con mucha irresponsabilidad otros temas de la vida nacional, de igual modo ocurre con el asunto del aborto por violación o incesto, cuando represente un riesgo para la vida de la mujer y si se producen mal formaciones durante el embarazo.

Este tema, en el que interviene la gran influencia y poder de los grupos fácticos y conservadores del país, se mantiene en la palestra pública en virtud de que todos los partidos del sistema promueven diferentes posiciones al respecto, pero al final terminan coincidiendo con lo contrario de lo prometido.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) rehuyó discutir en el Congreso Nacional el nuevo Código Penal para no afrontar las presiones de las mujeres a través de sus organizaciones y no exhibir una posición en contra de las iglesias que se oponen a las tres causales.

Ahora, el Partido Revolucionario Moderno (PRM), en el poder, parece haber dado un gran giro sobre las tres causales y se han escuchado una serie de elucubraciones del presidente Luis Abinader sobre el asunto, pero el mandatario se ha encargado de dejar claro que los senadores y diputados de su organización tienen lo que ha definido como su libre convicción sobre el tema.

Ese punto de vista del presidente Abinader proyecta la idea de que se quiere rehuir a su compromiso de apoyar esta posición de la mujer dominicana, pese a que el PRM tenía lo que parecía una visión muy clara al respecto, pero de buenas a primeras y como una forma de confirmar su incoherencia y falta de respeto a la palabra empeñada, se niega a discutir responsablemente el tema o cuando menos a ejecutar lo que ha dicho que es  su posición partidaria.

La pregunta que se impone es por qué dejar a sus diputados y senadores a la libre convicción cuando se supone que un partido tiene unos estatutos y posiciones que se entienden discutidas y aprobadas y que sus miembros están en la obligación de respetarlas.

Con este comportamiento del PRM frente no sólo a las tres causales, sino sobre una serie de temas que luego de llegar al poder se ha olvidado de ellos, lo cual lo ubica como igual a los demás partidos del sistema que operan en el país.

Sin embargo, el aprendizaje más importante para el votante es que en el país no hay futuro mientras los partidos tradicionales mantengan el control del Estado, porque que nadie tenga dudas de que da lo mismo el PLD, el PRM, el PRSC y el PRD, entre muchos otros que practican una demagogia y un engaño odioso y repugnante.

Todo indica que muy difícilmente los partidos abandonen sus políticas ultraconservadoras y que niegan los derechos humanos en perjuicio de un sector tan importante como la mujer en una época en que la ciudadanía se ha empoderado y que las redes sociales prácticamente definen la regla del juego en todas las sociedades del planeta.

Las mujeres hasta ahora no han tenido otro recurso que concentrarse con casas de campañas frente al Palacio Nacional para recordar a las autoridades del PRM que ya habían asumido un compromiso cuando estaban en la oposición con las tres causales y que renegar a ello se va a constituir en un gran revés político para esa parcela política.

El escenario nacional cada día se redefine y quedan claras las incoherencias de los partidos que se ganan el voto de la gente sobre la base del engaño, de prometer lo que no están dispuestos a dar porque mantienen serios compromisos con los sectores más conservadores de la sociedad.

Las tres causales han sido aprobadas en una gran cantidad de países que entienden que estos son derechos que tienen la mujer de decidir lo que más le conviene frente a un embarazo, sobre todo cuando se concretan las tres razones señaladas más arriba.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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