No solo los astronautas de la Misión Artemis II han visto la luna de cerca, en el teatro infantil, la hemos percibido a pocos metros de distancia. Inspirada en el libro de Michael Grejniec, ¿A qué sabe la luna? y con dramaturgia original de José Diego Ramírez, la obra «Un pedacito de luna», es una puesta en escena que refleja los valores del teatro Cúcara- Mácara: es teatro educativo, pero no una lección de moral.
De una forma lúdica y llena de fantasía, observamos una historia de determinación y trabajo en equipo, liderada por una tortuga y varios animales que se unen para lograr un objetivo común: alcanzar la luna y probar un pedazo.
En la puesta en escena se aprecia el manejo de la intertextualidad a través de la mención de otros cuentos y fábulas en los que aparecen los animales personajes de esta obra, como Dumbo, el elefante y la fábula de la liebre y la tortuga.
Esta presentación se enmarca en la octava versión de la Feria Internacional de Títeres y Objetos-FITO- que organiza cada año la Fundación Cúcara-Mácara, con la participación de compañías de España, México y República Dominicana.
La obra se presenta con estructura de fábula: los protagonistas son los animales, aquí no interviene un narrador humano, un pez en su conversación con la luna es el que se encarga de organizar la composición narrativa introduciendo los personajes a la historia.
El público tiene que poner en marcha su imaginación y fantasía para ingresar a esta noche mágica habitada por diferentes animales en una lejana sabana en la cual brilla, en todo su esplendor, la luna llena.
Precisamente, la luna es, a la vez, títere y objeto, pues una bombilla de teatro se resignifica para representar a la luna en su función de iluminación en el cielo nocturno.
En este caso, el objeto no es animado, solo se integra a la acción como ícono de la luna, pues su función es permitir que los personajes protagonistas se destaquen con su mensaje. La luna aparece también como títere de boca, agregando una expresividad única a la escena: es un personaje coqueto, risueño y juguetón y su gran dimensión respecto de los otros títeres, da la impresión de estar cercana y lejana a la vez.
Una atrevida tortuga es la protagonista de esta historia, atrevida porque tiene un deseo imposible: comer un pedacito de luna y para ello convoca a varios animales de la selva como el elefante, la jirafa, el león, el mono y el ratón.
La tortuga es un títere de varilla, cuya cabeza es manipulada de forma diferente a su cuerpo, por lo que se logra un efecto de omnisciencia en el animal, que parece estar en todos lados al mismo tiempo.
Los actores y titiriteros Johanny García, Elsa Quiroz, Basilio Nova y Christian Medina se encargan de varios personajes, haciendo su presencia evidente, pero no protagónica. Hay que resaltar que las voces de los actores reflejan cada una de las personalidades de los animales, con sus matices y sus giros característicos: un elefante grande, pero temeroso, una tortuga seria, determinada y con liderazgo, una mona juguetona y bromista, una jirafa muy dispuesta, un ratón muy empoderado y un león brabucón. La experiencia en el teatro de títeres de cada uno de los actores hizo de esta presentación un hecho memorable para los niños presentes.
Debido a las constantes lluvias en este mes de abril, la puesta en escena tuvo que trasladarse al teatro pequeño, techado, de la sede de Nova Teatro y ese escenario, al ser tan cercano entre el espacio teatral y el público, dificultó una visión más amplia de ciertos aspectos como la luna como objeto y la luna como títere, las diferentes dimensiones del pez -narrador y la cierta lejanía que se necesita para apreciar mejor la técnica del teatro de sombras. Esto no impidió que los niños presentes se unieran a la aventura de la tortuga y al esfuerzo de todos los animales por alcanzar un pedacito de luna.
La luna aquí actúa como símbolo de un deseo inalcanzable, pero, la determinación de la tortuga, de hacerlo posible hace que unan fuerzas y se vayan con la satisfacción de haberse unido en torno a un mismo objetivo. cada vez que entra un animal a la escena, se hace una cadena repetitiva de música y acciones, un recurso muy característico del teatro Cúcara-Mácara.
Al final, la luna le dice al pez que puede probarla a través de su reflejo en el agua, una solución muy poética al problema inicial y que funciona como desenlace de la narración.
Es una puesta en escena con elementos escenográficos simples y minimalistas, que descansa en los personajes y sus diferentes planos físicos y psicológicos.
Dentro de un contexto axiológico, se destacan los valores de la empatía, la colaboración y la resolución colectiva de los problemas. Son valores que hace mucha falta educar en sociedades como la dominicana cuyas soluciones a los problemas colectivos se ejecuta de manera individual, por ello, el pueblo dominicano ha perdido la capacidad de luchar colectivamente para lograr soluciones definitivas a los problemas sociales que nos aquejan.
En ese sentido, saludamos que Un pedacito de luna sea parte del repertorio del FITO y de la propuesta permanente de Cúcara-Mácara para seguir animando desde la ilusión y la fantasía y educando en valores a nuestros niños.