Desde hace muchos años es común escuchar o leer en los medios de comunicación social la expresión de que el presidente de la República ha sido sorprendido en su buena fe o que éste no es malo, sino aquellos que tiene a su alrededor.
Esa es una forma de exonerar al jefe del Poder Ejecutivo y del Estado de las malas acciones del gobierno, lo que constituye hasta cierto punto una confabulación con el presidente de turno.
Es una expresión recurrente, complaciente, diplomática,. pero de muy mal gusto, la cual incluso proyecta al hombre que ostenta la posición más importante del país como a un estúpido, un tarado mental.
Ahora a propósito de lo ocurrido con Bahía de las Águilas han surgido voces críticas a la decisión del gobierno, pero muchos recurren a esa expresión para liberar de culpa a Danilo Medina.
Tremendo contrasentido, porque Danilo Medina sabe muy bien lo que autorizó y nadie, absolutamente nadie, lo manipuló para que tomara la decisión sobre Bahía de las Águilas.
Si hay un responsable de la legitimación y legalización del fraude cometido con esos terrenos en contra del Estado lo es el presidente Danilo Medina.
Las razones son tan claras como la mayoría de los desfalcos que se cometen en la administración pública sin que a nadie le importe e incluso con la indiferencia del propio jefe de Estado.
Pero son los intereses que se mueven alrededor de la presidencia de la República y del propio partido de gobierno, el cual se ha convertido en un verdadero nido de depredadores del Estado.
Con Bahía de las Águilas pasa lo mismo que con los funcionarios públicos corruptos que Danilo Medina los conoce muy bien, pero que no hace el más mínimo esfuerzo para sustituirlos.
El presidente Danilo Medina preconiza, promete y proyecta transparencia sólo retóricamente, en los discursos y las palabras.
El presidente conoce muy bien lo que pasa con Bahía de las Águilas y sabe muy bien quiénes son los estafadores y los estafados, entre cuyos últimos está el Estado.
A otro perro con ese hueso.