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Editorial

Coincidencia o Retaliación.

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Los Estados Unidos ante la imposibilidad por el momento de imponer su voluntad en lo referente a la deportación de haitianos, toma la opción de castigar económicamente al país, primero a través del turismo y ahora de la industria azucarera.

No se puede negar que en el caso dominicano hay mucho de politiquería, porque las deportaciones no son parte de un plan nacional en esta materia, sino de que las autoridades saben muy bien que con esa medida ganan capital político ante la cercanía de las elecciones.

Sin embargo, ello no justifica que los Estados Unidos usen su poder para aplastar la economía nacional a través de medidas a todas luces violatorias del comercio internacional sobre la base de asuntos sin comprobación y evidentemente exagerados.

La pregunta más lógica frente a la agresividad de los Estados Unidos contra la República Dominicana es por qué ahora se vienen a dar cuenta que hay trabajo forzoso y abuso por parte de la empresa que tiene la mayor cuota de  exportación de azúcar hacia el territorio norteamericano.

Esa acción no parece ser justificada, pese a que nadie puede negar que en lugares que emplean braceros haitianos haya abusos y violaciones de sus derechos, pero parece que éste no es el caso por lo menos en lo que respecta al Central Romana.

Además, luce una decisión precipitada y con muy poca racionalidad, sobre todo por el impacto que ésta tiene en la economía de la nación.

Y probablemente las agresiones a la economía dominicana continuarán, porque el imperio se siente herido porque el Gobierno no ha acogido su mandato en lo que respecta a la deportación de haitianos del territorio nacional.

Nadie niega que en el proceso de detención, depuración y deportación de haitianos se produzcan abusos, pero evidentemente que la razón de las medidas económicas en contra del país tiene otro trasfondo y razón de ser.

La colonización es una realidad latente en el mundo en pleno siglo 21, donde los países dependientes no tienen más opción que ser sumisos a los intereses del imperio, no importa que irracionales e ilógicos sean.

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Editorial

La Vocación Interventora y Atropellante de los Estados Unidos.

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En los actuales momentos los Estados Unidos confrontan una situación que a pesar de que es buena desde la perspectiva de la no intervención, pero también es una forma de que la misma sea un espejo de una doble moral que proyecta muy mal a la potencia del norte.

Nos referimos a la intervención armada de Rusia en Ucrania, cuya situación ha provocado prácticamente el rechazo mundial, pero no se entiende que mientras los Estados Unidos llevan la voz cantante de oposición de esa acción de una de las potencias del mundo, lo que incluso ha provocado la aprobación de altas sumas de millones de dólares en favor del país europeo y otrora miembro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, incurra en el mismo error en otros lugares del mundo.

La cuestión es que mientras los Estados Unidos no está de acuerdo con la invasión a Ucrania por parte de Rusia, reproduce el mismo comportamiento de su enemigo en otros lugares del mundo, como ocurre actualmente en la República Dominicana, donde se produjeron intervenciones armadas en el país en los años 1916 y 1965 y ahora se origina otra situación parecida en lo que respecto al caso haitiano.

La verdad es que la conducta de los Estados Unidos deja la idea de que es cierta la denuncia de ultraconservadores dominicanos y que rechazan amplios sectores nacionales de que la comunidad internacional, encabezada por la potencia del norte y el Canadá,  presionan para que se produzca una fusión de las dos naciones que ocupan la isla la hispaniola, lo cual   desde una razón profundamente cultural parece ser una utopía.

Lo otro es que los Estados Unidos deben ser sometidos a un reclama a nivel internacional para que cumpla con aquellas convenciones de las que es signatario, como la que por un asunto de reciprocidad no puede someter a los periodistas a su aberrada concepción de crear una lista negra cuando se identifican con principios fundamentales del derecho a la independencia, la autodeterminación y la soberanía nacionales.

Que quede lo suficientemente claro que este periódico no apoya aquellos procedimientos de la Dirección General de Migración que constituyan una violación de los derechos humanos cuando de la deportación de haitianos se trata, aunque no hay que ser un experto en estos temas para saber que la exageración es un arma que usa la embajada de los Estados Unidos en su comunicado que ha generado la confrontación con el Gobierno dominicano.

Este diario no comparte además que el Gobierno dominicano implemente una agresiva deportación de haitianos, no porque haya concebido una política migratoria nacional, sino por razones politiqueras circunstanciales que al final de la jornada no habla bien de las autoridades nacionales.

 Otra arista  que se evidencia en el referido comunicado de la embajada de los Estados Unidos es una doble moral, ya que pese a que condena la mentira muy severamente castigada  cuando alguien la esgrime  para la adquisición de una visa, por ejemplo, lo mismo hace la potencia del norte cuando de reprimir a otros se trata.

La República Dominicana no debe pagar con la misma moneda a los Estados Unidos cuando busca presionar para que se haga lo que ellos les venga en gana, pero no está demás que cuando un periodista es puesto en una lista negra por simplemente expresar su opinión equis que afecta los llamados intereses de los Estados Unidos, que se le responda con la misma acción a fin de que haya respeto de Estado a Estado.

Estados Unidos debe entender que ese colonialismo a ultranza debe desaparecer del escenario internacional, porque está más que demostrado que esa forma de regir las relaciones internacionales ya se contrapone con los principios de libertad e independencia que se imponen en el mundo.

Es una pena que ese comportamiento de la potencia del norte sea en contra de un gobierno como el de Luis Abinader, profundamente de derecha y pro neoliberal, lo cual encaja con la concepción de los Estados Unidos y pese a ello busca desestabilizarlo a través de un comunicado que está claramente dirigido a lesionar su economía.

Por el momento se debe aplaudir la reacción que ha tenido el Gobierno dominicano frente a las intenciones y las manipulaciones de la embajada de los Estados Unidos, pero se espera que igual actitud asuman las autoridades y las organizaciones de periodistas nacionales e internacionales, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), sobre la lista negra denunciada por este periódico en contra de todo aquel profesional de la comunicación  que no esté de acuerdo con la política de intervención de los Estados Unidos, lo cual conlleva hasta la negación de un visado de esta categoría en sus embajadas y consulados.

Así no se vale, señores del imperio.

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Camarazo

Un Sistema de Justicia Peligrosamente Amenazado.

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Todos los días se publican en los medios de comunicación del país hechos que revelan hasta donde está corrompida la sociedad dominicana, pero muy escasamente se aborda este problema a partir del sistema de justicia.

Cabe la expresión de que el sistema de justicia está peligrosamente corrompida, cuya descomposición se expresa con la emisión de sentencias que violentan las normas jurídicas y suplantan el espíritu del legislador.

Este es un problema que generalmente ni los funcionarios competentes ni los abogados lo abordan con la seriedad requerida, sobre todo porque el que tiene la responsabilidad de fiscalizar no lo hace porque cae en la rutina y los profesionales del derecho inexplicablemente les tienen miedo a los jueces por la retaliación  que puede venir después, pero también por la ignorancia que los afecta.

Pero la verdad debe ser dicha, la justicia está literalmente podrida, porque no sólo se trata de un problema de ignorancia y negligencia, sino también de complicidad, como parece que ocurre con el juez Juan Francisco Rodríguez Consoró.

Sin embargo, nadie se crea ilusiones de que problema como éste vaya a constituir el inicio de un profundo nivel de fiscalización de los jueces que tienen la responsabilidad de impartir justicia, aunque su caso no deja de ser un punto de referencia y de arranque para que las cosas sean distintas.

Es importante que a partir de este caso los jueces pasen a estar bajo el escrutinio del ámbito competente del Estado dominicano, pero también de los medios de comunicación y de toda la sociedad dominicana.

El país necesita que todo juez que esté bajo sospecha de traficar con su delicada función sea sometido a las sanciones que establece el sistema y de ese modo evitar que sucumba totalmente el estado de derecho y la democracia.

El mecanismo de control y de investigación de los jueces no es tan complejo, ya que sólo basta con revisar las sentencias emitidas, pero para detectar cuándo un juez violenta la norma y segundo investigar cuál es la razón de su conducta.

Ese mecanismo, que muy bien puede ser a través de una comisión especializada creada para esos fines por la Inspectoría del Consejo del Poder Judicial, podría sanear este importante instrumento de aplicación de la ley.

Sólo falta la voluntad política de comenzar desde ya un proceso de saneamiento de toda la judicatura nacional y que al mismo tiempo este mecanismo sea extendida a la labor que desarrollan los miembros del Ministerio Público, los cuales andan igual o peor que los jueces de los tribunales de primera y segunda instancia del país.

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Editorial

El Cambio Climático y el Síndrome de la Improvisación de la Sociedad Dominicana

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El informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el cambio climático y que de igual modo lo han hecho otras entidades especializadas en el tema, presenta un panorama muy amenazador para los países que carecen de políticas públicas para contrarrestar el fenómeno por un asunto de falta de planificación.

Es importante que el dominicano se focalice en el impacto que tiene y tendría el cambio climático en su territorio a partir de la gravedad del problema, ya que por una razón profundamente cultural en el país no hay planes absolutamente para nada.

Y los problemas se ven venir sobre el país, pero nadie elabora planes para que la desgracia sea menor.

Recientemente la nación tuvo una experiencia amarga porque desde hace décadas se habla del drenaje pluvial, pero no ha habido un solo gobierno de los tantos que registra la historia moderna que haya hecho algo aun después de que llega la desgracia.

Imagínense lo que implicaría para el país los efectos del cambio climático visto desde la perspectiva de los organismos internacionales especializados en el tema, sobre todo si a eso se le agrega la histórica falta de planificación que nos afecta desde los tiempos de la colonia.

La República Dominicana no hace planes para nada, no hay un solo sector de la gestión pública que conciba un proyecto a largo plazo para acabar con la mayoría de las falencias que caracterizan al Estado.

Todas las naciones como la República Dominicana que adolecen del mencionado síndrome, se puede asegurar que prácticamente colapsarían frente a las consecuencias que arrastra el cambio climático en el mundo.

Desde ya el país tiene todos su ríos, lagos y arroyos contaminados, al borde de la desaparición, por la carencia de políticas públicas que garanticen la preservación del medioambiente, pese a lo dispuesto por la Constitución de la República y las leyes adjetivas sobre la materia.

En el país no ha surgido el primer gobierno que tenga planes para, por ejemplo, resolver el problema de la contaminación ambiental con efecto invernadero como consecuencia de un parque vehicular fundamentado en combustibles fósiles.

Pero lo propio habría que preguntarse con otras problemáticas sociales, como los feminicidios, los embarazos en adolescente y el monstruo de mil cabezas del consumo y tráfico de drogas.

Mucho se puede hablar de políticas migratorias, pero es poco lo que se hace, aunque todos los días este tema se aborda a todos los niveles en virtud de la llegada al país por razones socioeconómicas de miles y miles de haitianos.

En realidad, la República Dominicana está ante grandes amenazas por una serie de razones, incluido el cambio climático y la falta de planificación de los que tienen la responsabilidad de diseñar políticas públicas para contrarrestar el problema.

Sin embargo, el país está cubierto por sus cuatro puntos cardinales de politiquería y de una enorme cantidad de partidos políticos, conformados por ¨¨vividores¨¨, que solo buscan pegarse de la teta nacional, aunque se hunda la isla.

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