La sustracción de fondos en las cooperativas de ahorros y créditos es un problema endémico en la República Dominicana, porque no son pocas, sino prácticamente todas, las que han sido asaltados por una serie de personas inescrupulosas que hoy son multimillonarios sobre la base del fraude, la asociación de malhechores y otras vertientes de la corrupción generalizada que afecta al país.
Los directivos de las instituciones en referencia han hecho diabluras y nadie les ha puesto atención a las irregularidades promovidas a través de las cooperativas de ahorros y préstamos.
Hay cooperativas que tienen un capital muy grande, lo cual demuestra la viabilidad e importancia de este tipo de organizaciones sin fines de lucro.
El problema más delicado es que el IDECOOP, órgano del Estado que las rige, también se maneja con un criterio mafioso, exactamente como ocurre con todas las instituciones del sector público.
El escándalo que ha estallado en la COOP-HERRERA debe servir de punta de lanza para perseguir todas las irregularidades que se cometen en las cooperativas de ahorros y préstamos del país.
Las cooperativas se manejan como si fueran propiedad de una serie de delincuentes que las han penetrado y que las fortunas acumuladas son disfrutadas conjuntamente con sus hijos y otros familiares, porque el interés pecuniario está por encima de todo en la República Dominicana.
Una pregunta que cualquier ciudadana se haría y cómo es posible que los directivos de una cooperativa se roben dos mil quinientos millones de pesos y que el órgano regular no se dé cuenta hasta que las cosas se convierten en tan evidentes que es una vergüenza para todos.
El Instituto de Crédito Cooperativo (IDECOOP) debe iniciar desde ahora un plan para investigar hasta dónde otras instituciones de este tipo están afectadas del mismo problema, ya que estamos seguros de que son la mayoría.
Es más son prácticamente todas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, que están afectadas del mal y ante una realidad innegable deben ser investigadas absolutamente todas y si es necesario que se imponga el castigo más severo que manda la ley para, sino acabar el mal, por lo menos disminuirlo.
El fenómeno de la corrupción, que muchas veces se expresa claramente en una serie de instituciones, lo cual queda evidenciado por lo menos en este Gobierno de Luis Abinader a través de auditorías de la Contraloría General de la Nación, que parece que el propósito de la medida es consolidar una cultura de tolerancia con lo mal hecho, porque nunca hay consecuencias, ni siquiera la destitución de un funcionario que ha ejecutado mal el presupuesto que maneja, por lo que se impone que el asunto sea atacado por parte de las autoridades para adecentar la vida nacional.
Tal vez sea mucho pedir.