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Editorial

La inexistencia del Estado en el país promueve negocios con mucha vocación mafiosa.

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El sector de las telecomunicaciones es uno o tal vez el que más ha sido afectado por la politiquería que ha prevalecido en un Estado que es un verdadero desastre.

En la República Dominicana las frecuencias de radio y televisión  han sido otorgadas a partir de un criterio politiquero y que lesiona gravemente la democracia.

En el caso de las frecuencias de radio y televisión es la mejor explicación de como se maneja el tigueraje para repartirse el patrimonio nacional.

La propia ley deja muy claro que las frecuencias de radio y televisión siempre son propiedad del Estado, pero ese enunciado se parece mucho a la ley que regula la  creación de    las fundaciones y patronatos, que aunque no son supuestamente de nadie siempre hay una persona o una familia que hace con su patrimonio lo que les venga en gana.

El mejor ejemplo de ello son las universidades, las cuales obligatoriamente tienen que ser formadas por un patronato o fundación, pero las riquezas generadas por ellas, que son muchas, se  quedan en las carteras o las cuentas bancarios de sus fundadores.

Pues exactamente eso ocurre con las frecuencias de radio y de televisión, las cuales se quedan con ellas para toda la vida los beneficiarios de su operación, aunque se perjudique evidentemente a la democracia y en consecuencia a la sociedad.

Todo el mundo recuerda lo ocurrido en el país con la llamada unificación de las frecuencias de televisión, sólo para favorecer a determinados sectores de la vida nacional.

Pues ahora, como el Estado no sirve para regular ni fiscalizar nada, hasta la teleaudiencia toma un matiz mafioso, porque sencillamente el propietario de una compañía de servicios de televisión por cable puede distorsionar la imagen y el sonido de sus competencias para que la gente no pueda verlos.

Y eso es lo que ocurre exactamente con por ejemplo Color Visión y Telesistema, ambos líderes en audiencia a propósito de la pandemia del coronavirus.

Es decir, a ambos los sacan prácticamente del sistema de la operadora de cable Aster  para que la gente recurra a los medios propiedad del dueño de la compañía de telecomunicaciones.

Esa acción no es inocente ni casual porque detrás de la misma se esconden grandes intereses económicos, porque el dueño de Telemicro y también de Aster usa esos números para aumentar su facturación por concepto de publicidad.

Este país es definitivamente una gran vergüenza, porque en cualquier otro lugar este empresario de las telecomunicaciones ya estuviera por lo menos muy bien multado o preso en cualquier cárcel nacional.

Pero de ese susto no va a morir nadie, porque esa corporación de telecomunicaciones parece ser más pública que privada, dado que no se necesita mucha inteligencia para darse cuenta que ahí hay inversiones de muchos de los politiqueros que tienen el control del Estado desde hace dos décadas.

 

 

  

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Editorial

Gobierno del PRM: Mucha espuma y poco chocolate

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Los dominicanos ya estamos acostumbrados a vivir de la percepción y del mucho hablar.

Los dominicanos ya estamos acostumbrados a vivir de la percepción y del mucho hablar.

Exactamente eso ocurre gobierno tras gobierno, cuyos logros se quedan en el contexto mediático.

El Gobierno del PRM y Luis Abinader no ha sido la excepción, ya que ha cumplido sus dos primeros años en los que ha habido muchos amagos, pero muy pocos logros.

Una de las cosas que puede exhibir este gobierno es en lo que respecta al Ministerio Público, pero todavía falta ver como terminan todos estos procesos legales, porque la experiencia nos dice que el órgano persecutor, por lo menos en otras ocasiones, ha sido deficiente para instrumentar expedientes que dejen buenos resultados.

Todo esto todavía está por verse, pero a pesar de que el presidente Abinader ha auspiciado ese Ministerio Público Independiente, lo cierto es que el mismo es un logro de la sociedad civil que se lanzó a las calles a exigirlo.

En lo que respecta al reculo de las autoridades en torno a una serie de medidas tomadas equívocamente, las mismas son una revelación de los niveles de improvisación que prevalecen en el Gobierno y  además  una expresión de que se teme a la reacción de la gente.

En último caso, el reculo también puede ser una forma de politiquería, a partir de que se busca vender la idea de que el Gobierno escacha al pueblo, aunque igual cosa no ocurre con los altos precios de la canasta familiar, cuyo fenómeno tiene un alto componente de especulación.

De manera, que a dos años del Gobierno del PRM y de Luis Abinader es muy poco lo que se puede exhibir y la sociedad dominicana parece estar estacionaria en los mismos atrasos y males que la aquejan.

Este periódico  no se crea muchas expectativas de cambio en un país que vive de la mentira y el engaño, pero además que los mismos  provenen de un partido inorgánico y sin ningún plan de progreso para el país.

Estos dos años han sido más de lo mismo, sencillamente.

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Editorial

El caso Donald Trump envía una señal equivocada de los Estados Unidos al resto del mundo.

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Este periódico desde que Donald Trump ascendió a la presidencia de los Estados Unidos ha sostenido que esta potencia ha sufrido un fuerte revés en su sistema institucional e incluso en una serie de valores cívicos y democráticos.

Trump ha sido un radical de ultra derecha que ha puesto en tela de juicio una serie de logros de la sociedad norteamericana en materia judicial y de sanción al delito político y común, cuyos tribunales  siempre ha dado ejemplos muy severos de no transigir ante los trogloditas que han intentado quebrantarlo.

Era prácticamente imposible imaginarse que los Estados Unidos iba a retroceder institucionalmente, sobre todo porque todo el mundo sabe que la operatividad de esa sociedad no es el resultado del capricho y la casualidad, sino de un desarrollo económico y social que dejó como resultado una clase muy consciente de su papel.

Sin embargo, el caso Trump parece como una negación de unos avances que de alguna manera impacta a todo el mundo, porque la principal potencia del planeta se la pasa al acecho de aquellos que quebrantan el orden democrático en cualquier lugar de todo el globo terráqueo.

Los partidos políticos de los Estados Unidos, el Republicano y el Demócrata, pero principalmente el primero, se dedica a buscar desacreditar  órganos con tanta credibidad en temas de investigación criminal como el FBI.

Cuando los miembros de este cuerpo policial llega a cualquier lugar crea miedo y temor, porque el mismo no da ningún paso hasta no contar con todas las pruebas pertinentes, lo cual ha ocurrido ante el secuestro por parte del exmandatario de una documentación muy sensible que debe permanecer en el entorno de la Casa Blanca.

Los republicanos lucen que no entienden las lamentables consecuencias que implica para la sociedad norteamericana los ataques despiadados para mellar la credibilidad del Departamento de Justicia y del FBI.

Evidentemente que la politiquería se ha puesto por encima de la vida institucional de los Estados Unidos, exactamente como ocurre en las naciones del tercer mundo, donde este fenómeno ha arruinado loa credibilidad de las democracias.

La ofensiva de la politiquería, sin lugar a dudas, arroja resultados destructivos de una de las democracias, sino la más fuerte e inquebrantable del mundo, por lo menos una de ellas,  cuyos protagonistas de la desviación son aquellos que debían preservarla.

Este diario considera que la justicia de los Estados Unidos es la que afronta el más grande reto para detener que este destructivo fenómeno termine con el crédito total del Estado y de la sociedad norteamericana, lo que impactará a todas las nacionales del mundo, grandes y pequeñas, ricas y pobres.

Quien se atreve a cuestionar que la vigilancia de la sociedad norteamericana al resto del mundo es un dique de contención a los abusos en el manejo del patrimonio público y de una serie de valores democráticos, pero a partir de lo que ocurre actualmente habría que preguntarse sin esta nación seguirá teniendo moral para ello.

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Editorial

La Izquierda es un simple sueño o realmente ha creado vocación de poder en República Dominicana.

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En el curso de los años los partidos de la derecha nacional han caído por su conducta en un total descredito, lo cual no tiene una mayor dimensión porque el clientelismo y las demás variantes de la corrupción han sido proyectadas como algo natural del activismo político en el país.

En los actuales momentos no hay un solo partido que tenga la suficiente credibilidad a partir de los cambios que necesita la República Dominicana para salir de sus bajos niveles de institucionalidad y además enrumbar la economía por el sendero del crecimiento y el desarrollo nacionales.

Sin embargo, los partidos políticos tradicionales, los cuales no pasan de ser instrumentos de sus dirigentes para buscar beneficios personales y grupales, no rectifican su conducta y no preconizan precisamente aquel comportamiento que ha dañado a la democracia.

Tal vez en el caso de estos partidos tradicionales se imponga la expresión de que árbol que nace torcido no hay quien lo enderece, lo cual se  traduciría en que los militantes y dirigentes de esas organizaciones nadie los sacará del interés personal e individual que caracteriza a estas organizaciones que muchos las llaman soporte de la democracia.

La realidad es que los partidos políticos tradicionales han constituido una verdadera desgracia nacional, ya que prácticamente todas las riquezas generadas por la nación han ido a parar, de una u otra forma, a sus arcas personales.

E incluso esta forma de hacer política ha impactado el país de tan mala manera que hoy es, sin lugar a dudas, parte de la cultura nacional, pero con el agravante de que quienes pueden confrontar esa realidad no cuentan con la fuerza y el vigor necesario para impulsar los cambios que demanda la sociedad dominicana.

La izquierda dominicana no luce con la vitalidad de otros lugares del hemisferio, en algunos de cuyos países,  ha logrado una interesante confrontación entre esta corriente y la derecha.

Lo preocupante de esa realidad es que la República Dominicana está amenazada de que los que hacen política  sobre la base de estar al servicio de lo peor y precisamente de la corrupción continúen con el control del Estado por muchos más años ante la debilidad que proyecta la izquierda nacional.

Es probable que algunos de los ensayos que se hacen en los actuales momentos puedan dar buenos resultados, naturalmente a partir de que se haga lo correcto políticamente hablando, a fin de que en el país surjan propuestas que no sean las convencionales.

Pero la pregunta que se impone es si la izquierda ha logrado dotarse de la madurez para articular una propuesta unitaria que permita integrarse al debate nacional y en consecuencia en la próxima contienda electoral, a fin de recibir un nuevo aire en el escenario nacional.

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