La principal causa del desalojo del poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) fue a propósito de los altos niveles de corrupción que representó su Gobierno.
Lo ocurrido en esta materia fue realmente bochornoso y vergonzoso para los dominicanos, pero es importante dejar claro que la administración pública es la vía más fácil de acumulación originaria y del aumento de fortunas que supuestamente se han levantado desde el sector privado.
La corrupción administrativa es un flagelo que golpea de la peor manera a los pueblos, porque el dinero que debe ser destinado a la satisfacción de necesidades sociales termina en los bolsillos del funcionario público.
Lo peor de todo es que son los partidos políticos los defensores de los funcionarios públicos, quienes después de desfalcar al Estado entonces se presentan por los medios de comunicación como personas de éxito, lo cual los lleva a convertirse hasta en aspirantes presidenciales.
Los ejemplos abundan en la sociedad dominicana, cuyos peores casos son encontrados entre los peledeístas y su otra versión llamada Fuerza del Pueblo que encabeza el doctor Leonel Fernández.
Siempre se ha dicho que las cosas no son peores en el Gobierno de Luis Abinader porque la sociedad exigió que se nombrara un ministerio público independiente, lo cual se ha convertido en un dique de contención en contra del que busca ir al Estado para resolver sus problemas económicos personales.
El caso de Roberto Fulcar siempre mantuvo a la expectativa al ciudadano empoderado, porque surgían evidencias preocupantes de su comportamiento y ahora se produce el desenlace de que tiene que ser sustituido del Ministerio de Educacion, donde sus travesuras son encontradas por doquier en ese órgano estatal.
El caso Fulcar tiene el detalle de que con su conducta no sólo dañó el proyecto político de Gobierno de Luis Abinader, sino también las pretensiones del PRM a futuro, porque el mandatario a pesar de haberlo destituido, tuvo que protegerlo y nombrarlo Ministro sin Cartera, lo cual enloda a toda su administración y lesiona su aparente buena fe.
De manera, que nadie ponga en duda que lo ocurrido con Fulcar pone en cuestionamiento cualquier medida que se pueda tomar en contra de la falta de transparencia y la corrupción, pero además quita legitimidad a cualquier persecución por esta causa.
Aunque, naturalmente, todo va a depender como asuma el asunto el Ministerio Público, el cual tiene la imagen de ser independiente, pese a que todavía no hay ninguna acusación seria en contra de los perremeistas involucrados en actos cuestionables.