Nadie se atreve a poner en duda el poder de cambio social, político y económico de las redes sociales.
Su fuerza es avasalladora y aplastante, pero naturalmente las redes sociales pueden ser bien o mal aprovechadas por los que se apoyan en ellas.
Las mismas podrían ser una fuente de grades distorsiones, pero también de cambios impactantes en la vida de la gente, a todos los niveles.
El crecimiento y el nivel de penetración del internet y de las redes sociales, sin lugar a dudas, es una causa de gran preocupación porque cambian la regla del juego para adquirir liderazgo y poder en todos los ámbitos.
Los tiempos en que había que hacer grandes inversiones para promover, por ejemplo, un proyecto político, ya cambió radicalmente, ya que la propaganda no implica costos millonarios a través de una forma de venderse mediante instrumentos físicos como vallas y otras herramientas de difusión de ideas.
Por esta razón, los sectores que han detentado el poder en el país tienen que estar preocupados, porque si bien las redes sociales no fortalecen la idea de los valores, pero no pone obstáculos a la promoción de ideas nuevas transformadoras, aunque todo va a depender si es que realmente surgen.
Lo que es realmente innegable es que las redes sociales y la intercomunicación electrónica hoy se empoderan y que acabarán con cualquier otra forma de hacerlo, incluidos los periódicos impresos, las emisoras de radio y la televisión, las cuales están bajo el control de grandes elites de la economía, la política y social.
La cuestión es que mientras las redes sociales se empoderan los que han controlado el poder tradicionalmente pierden terreno a una velocidad impresionante, pese a que todavía falta la incorporación de profesionales de la comunicación que manejen con otro criterio esta nueva forma de comunicar traídas por las tecnologías de la información y la opinión.
Naturalmente, falta ver si en la República Dominicana se imponen las distorsiones y falsos valores o sencillamente la incursión a las redes sociales pueda significar una nueva forma de decir y hacer las cosas por esta innovadora vía de comunicarse la gente.
El impacto no sólo podría ser diferente en el campo electoral, sino también en otros ámbitos de la vida pública nacional, que todos parecen indicar que también están gravemente amenazados por su falta de credibilidad y confianza del ciudadano.