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Editorial

Leonel Fernández y su futuro político.

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El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) es ya una expresión fiel de una sociedad donde hasta los amigos se buscan por conveniencia.

En el ámbito político partidista, las organizaciones con reales posibilidades de poder son vistas por la gente del pueblo e incluso por los profesionales académicas como grandes empresas, donde se puede ir a buscar y se va encontrar.

Los partidos políticos mayoritarios no sólo representan un  negocio desde el punto de vista de la gran cantidad de dinero que colectan en las campañas electorales y que reciben de la Junta Central Electoral, sino  también porque estar cerca del poder atrae a todo aquel que busca a través de la política escalar social y económicamente.

Ese es un comportamiento propio  de la gente que configura la composición social dominicana, donde la pobreza produce un nivel de creatividad en la población que deja a cualquiera pasmado, dado que sólo lo mueve la búsqueda de lo suyo.

Y el PLD y el PRM no están al margen de esa realidad, porque ambos atraen a mucha gente, ya sea porque busquen una candidatura o sencillamente para lograr un cargo en la administración pública y de esa manera hacer lo indebido para resolver sus problemas personales, aunque su conducta vaya en detrimento de toda la sociedad.

En esa lógica, porque el ciudadano ve a los partidos, sobre todo a los grandes, como empresas en la industria de la política en el contexto  de la macroeconomía, mientras que a los  pequeños los perciben en el marco de  la  microeconomía, es como decir una zapatería y un banco de servicios múltiples, es que opera el sistema de partidos.

Al primero todo el mundo quiere llegar ya sea como empleado o por lo menos como amigo del dueño, pero al segundo la gente lo ve con desdén e indiferencia.

Así es como camina la política partidista  y ahí está explicado el éxito de Danilo Medina e incluso la alta votación lograda por Leonel, porque son dos posibilidades que el dominicano tiene para encamararse en el vehículo que lo va a llevar hacia el poder, pero el primero en esta lucha está mucho mejor posicionado que el segundo por disponer del enorme poder que proporciona el Estado.

Sin embargo, Leonel en estos momentos es un sueño, una esperanza, pero Danilo representa una realidad, lo cual le permite golpear muy duro a su contrincante.

A partir de esa lógica resulta casi imposible que muchos peledeístas abandonen una realidad para inclinarse por un sueño, sobre todo porque cualquier leonelista  sólo tiene que comunicarle a su compañero danilista su disposición de adherirse a su causa para pasar de perdedor a ganador.

Sobre la base de esta tesis resulta muy difícil que cualquier hipótesis que busca darle mucha razón de ser a una decisión de Leonel  de llevar a los leonelistas a apoyar a un partido que no es el suyo, parece no tener mucha garantía de éxito político en un escenario en el que su contrincante pueda hacer uso de los amplios recursos que le proporciona el Estado para traer a su redil a los que están disgustados por no haber tenido  ninguna oportunidad de tener una función  pública, pero que dista mucho de una posición de principios.

Estar en el gobierno, cualquiera que sea, llena las expectativas de los que se nuclean alrededor de Leonel para ayudarlo a que llegue al control de las arcas nacionales, pero si no tiene que batallar mucho para lograrlo, entonces prefiere adherirse a los gobiernistas, porque, como dijimos, no se trata de una lucha ideológica o de principios, sino de intereses.

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Editorial

La vida pasa, pero el legado permanece

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La existencia humana es transitoria. El poder termina, las riquezas cambian de manos y las generaciones se suceden. Sin embargo, nuestras acciones pueden dejar huellas que trascienden el tiempo.

En una sociedad donde frecuentemente se confunde el éxito con la acumulación de bienes y el reconocimiento público, resulta necesario reflexionar sobre el verdadero sentido de nuestra existencia.

El valor de una vida no debería medirse por lo que acumulamos, sino por el bien que hacemos, los valores que transmitimos y las oportunidades que creamos para los demás.

La República Dominicana necesita comprender que construir un legado también significa fortalecer la educación, defender la justicia, actuar con honestidad y asumir responsabilidades frente a las futuras generaciones.

Porque, cuando llegue el momento de partir, lo verdaderamente importante no será cuánto tuvimos, sino cuánto contribuimos a mejorar el mundo que dejamos.

La vida pasa, pero el bien que sembramos puede permanecer.

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Editorial

El triunfo de Lula y el debilitamiento de la influencia de Trump en América Latina

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La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil constituye un acontecimiento de extraordinaria trascendencia política para América Latina, no solamente porque garantiza la continuidad de un gobierno progresista en la principal economía de la región, sino porque representa un significativo revés para el bolsonarismo y las aspiraciones de influencia regional del presidente estadounidense Donald Trump.

La derrota de Flávio Bolsonaro, heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, estrechamente vinculado al mandatario norteamericano, demuestra que el respaldo de una potencia extranjera y las afinidades ideológicas no garantizan el triunfo electoral ni sustituyen la voluntad soberana de los pueblos.

Este resultado adquiere mayor relevancia en momentos en que varios gobiernos latinoamericanos cercanos a Washington enfrentan crecientes cuestionamientos ciudadanos. En Argentina, Javier Milei registra importantes niveles de rechazo, mientras que en Chile, José Antonio Kast, y en Ecuador, Daniel Noboa, afrontan dificultades para mantener la confianza de amplios sectores de sus respectivas poblaciones.

Aunque cada nación presenta circunstancias económicas, sociales y políticas particulares, existe una lección común: los ciudadanos no pueden alimentarse de discursos ideológicos ni resolver sus necesidades mediante alianzas internacionales que no se traducen en beneficios concretos.

La inflación, la inseguridad, el desempleo, la desigualdad y el deterioro de las condiciones de vida terminan imponiéndose sobre cualquier estrategia de propaganda o confrontación política.

Sin embargo, sería prematuro interpretar la victoria de Lula como el inicio inevitable de una derrota generalizada de la derecha latinoamericana. Tampoco significa que la izquierda tenga asegurado el respaldo popular. El propio resultado brasileño evidencia una sociedad profundamente dividida y un electorado que exige respuestas a sus problemas cotidianos.

Lo verdaderamente significativo es que Brasil ha reafirmado su capacidad para decidir su destino político, manteniendo un importante contrapeso frente a los intentos de ampliar la influencia ideológica de Washington en la región.

Donald Trump conserva un considerable poder internacional, pero su influencia tiene límites cuando se enfrenta a la voluntad democrática de sociedades que defienden sus propios intereses.

América Latina necesita gobiernos comprometidos con el desarrollo económico, la justicia social, la institucionalidad democrática y la independencia de sus decisiones. No requiere dirigentes cuya principal fortaleza política sea la cercanía con una potencia extranjera.

El triunfo de Lula deja una enseñanza que debería resonar en todo el continente: la soberanía no se negocia, la confianza ciudadana no se hereda y ningún liderazgo extranjero puede sustituir el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro.

La verdadera legitimidad de un gobierno no depende de quién lo respalde desde el exterior, sino de su capacidad para responder a las necesidades y aspiraciones de la sociedad que lo eligió.

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Editorial

LA PREVENCIÓN NO PUEDE COMENZAR DESPUÉS DE LA TRAGEDIA

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La tragedia de la discoteca Jet Set, que dejó 236 fallecidos y más de 180 heridos, debe convertirse en un punto de partida para revisar la seguridad de las edificaciones en República Dominicana. La protección de la vida humana no puede depender de la improvisación ni de que ocurra una desgracia para que las autoridades actúen.

La decisión judicial de modificar la calificación jurídica del caso hacia el homicidio voluntario sustentado en el dolo eventual abre un importante debate sobre la responsabilidad penal de quienes, conociendo riesgos estructurales graves, permiten que sus establecimientos continúen funcionando sin adoptar las medidas necesarias.

Aunque corresponde a los tribunales determinar la responsabilidad de los imputados, respetando la presunción de inocencia, el caso plantea una interrogante nacional: ¿cuántas edificaciones presentan deterioro, sobrecargas o modificaciones estructurales que podrían poner en peligro a sus ocupantes?

El Estado tiene la obligación de fortalecer la supervisión de los inmuebles, especialmente aquellos donde se concentran grandes cantidades de personas. Pero esta responsabilidad también corresponde a propietarios, administradores y comunidades de condominios, conforme a sus obligaciones legales.

No basta con aprobar planos y otorgar permisos de construcción. Se necesitan inspecciones periódicas basadas en criterios de riesgo, mantenimiento preventivo y medidas correctivas oportunas.

La seguridad estructural no debe considerarse un gasto opcional, sino una inversión indispensable para proteger vidas.

La República Dominicana no puede permitir que las advertencias técnicas sean ignoradas hasta que se produzca una tragedia. El caso Jet Set debe impulsar una verdadera cultura de prevención, fiscalización y cumplimiento de las normas.

Porque la responsabilidad de proteger vidas comienza mucho antes de que un edificio se desplome.

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